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Prohibido, pero no tanto

Palabra más, palabra menos, el pedido dice esto: «Estimado público, la función está por comenzar. Les recordamos que no está permitido tomar fotografías o registrar videos con o sin flash. Muchas gracias». Cualquiera que haya ocupado una butaca antes de una obra se ha cruzado con esa indicación.

Buenos Aires 13 de noviembre 2020 aperturas teatros el teatro Broadwuy con su protocolo abra las puertas al publico 
foto Rolando Andrade Stracuzzi ley 11723 - FTP CLARIN RAS_0888.jpg Z InvitadoBuenos Aires 13 de noviembre 2020 aperturas teatros el teatro Broadwuy con su protocolo abra las puertas al publico
foto Rolando Andrade Stracuzzi ley 11723 – FTP CLARIN RAS_0888.jpg Z Invitado

En algunos teatros, el mensaje llega con la voz aterciopelada de un locutor profesional, que incluso repite el pedido en inglés. En otras salas, es una mujer quien registró el audio. Y en ocasiones, cuando la obra espera al público, son los actores quienes explican la cuestión.

En los minutos previos al inicio de Imprenteros, el genial biodrama de Lorena Vega –en cartel desde 2018 y verdadero fenómeno cultural con libro, expo y documental ad hoc–, es la actriz y dramaturga quien les recuerda a los expectadores que apaguen sus celulares.

En Escritor fracasado, adaptación de un texto de Roberto Arlt en manos de Marilú Marini en la dirección y Diego Velázquez en la interpretación, es el actor –que ya está sobre el escenario cuando el público entra a la sala– quien invita a apagar los celulares y (a tono con el registro de la obra) no se priva de lanzar amenzas estridentes (y divertidas) a quien olvide enmudecer su dispositivo.

Cuatro fogonazos

Décadas atrás, lo que se prohibía era el uso de cámaras fotográficas, especialmente las domésticas. Sucede que aquella tecnología incluía como accesorio un flah de cuatro fogonazos, que desde la platea podía distraer a los intérpretes con el estallido de luz. Quien haya posado delante del cubo de la Kodak instamatic en algún cumpleaños recordará la intensidad de ese relámpago.

Ahora, no es claro que los celulares actuales generen el mismo efecto, pero iluminados desde la sala generan brillos inoportunos. Y tampoco hay que olvidar que su presencia atenta contra los derechos de autor de las obras, que terminan en YouTube impunemente.

Público de pie. El show de Babasónicos en el Teatro Colón.Público de pie. El show de Babasónicos en el Teatro Colón.

Porque hay que decirlo, los fotógrafos y camarógrafos aficionados registran todo cuanto quieren, desoyendo los pedidos por mucha voz aterciopelada que lo enuncie. Fotos de aquí y de allá. Videos de esta escena y de la otra.

No solo eso, luego, suben sin pudor el material prohibido a sus redes sociales enlazando al propio teatro y sus artistas… ¡que reproducen felices en sus cuentas las imágenes que prohibieron registrar! ¿En qué quedamos?


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